Comparsa

de

Gigantes

de

Artajona Dorreberria

En Navarra hay algunos pueblos y valles que se caracterizan por el esfuerzo que están realizando en salvaguardar su propia historia. Sus vecinos, o una parte de ellos, ha sabido captar la importancia que tiene preservar el patrimonio, que es legado de quienes nos precedieron, y que nosotros debemos de cuidar y transmitir. Entre estos pueblos brilla con luz propia la localidad de Artajona. Sin ninguna duda.

 

         Allá por el mes de marzo de 1994, y dentro de esta dinámica de recuperación de la historia local, los artajoneses inauguraban en el transcurso de sus fiestas pequeñas un comparsa propia de gigantes. Estuvieron arropadas estas figuras en su debut por las comparsas de Sangüesa, de la Txantrea, Puente la Reina, Huarte Pamplona, y por la de Bilbao. Fueron precisamente los gigantes de Huarte los que sirvieron de referencia y modelo a la hora de copiar el armazón; las manos y las cabezas fueron moldeadas en Pamplona por el artesano, y artista, Blas Subiza; y el resto de la estructura, vestidos incluidos, fue realizado de forma desinteresada por los vecinos del pueblo. Los gastos de realización de las dos figuras ascendieron a 725.000 pesetas, financiadas por el Ayuntamiento de Artajona. El resultado de aquel trabajo y de aquél esfuerzo económico fue dos hermosos gigantes, de 3’40 metros de altura y un peso aproximado de 45 kilos cada uno. No eran dos figuras cualquiera, sino que representaban a dos personajes históricos de la localidad: Saturnino Lasterra y Martina de Goikoetxea.

 

         Saturnino Lasterra fue el artajonés que trajo al pueblo la figura de la Virgen de Jerusalén. Había participado este paisano en la toma de esa ciudad en aquél lejano año de 1099, durante la primera Cruzada, y lo hizo bajo las órdenes de Godofredo de Bouillón. Este último quiso premiar a Saturnino su valor en el combate, y para ello le ofreció abundantes tierras; pero el artajonés, desprendido él, le dijo que se conformaba con la imagen de la Virgen que Godofredo llevaba en su silla de montar. Curiosamente, en su viaje de regreso Saturnino Lasterra vivió penurias económicas, llegando a tener que empeñar la imagen en repetidas ocasiones para pagar su hospedaje, contando, eso sí, con la ventaja de que la Virgen siempre volvía a él. Hasta 1614 que es cuando el obispo Sandoval visita Artajona, la Virgen era conocida con el nombre de Ntra. Sra. del Olivo por haberse edificado la primera ermita en un olivar de Saturnino Lasterra. A partir de la visita del mencionado obispo, y desde entonces, se le conoce como Ntra. Sra. de Jerusalén.

 

         Martina de Goikoetxea y Ataún (1831-1893) fue una artajonesa que destacó y se caracterizó por su generosidad. Tanto es así que esta benemérita mujer pagó de su bolsillo casi todos los gastos correspondientes a las obras de construcción del Hospital, del Colegio del Santo Ángel y las de la iglesia de San Pedro.

 

         Dos gigantes, dos historias. Es esta una forma, curiosa y bonita, de perpetuar la historia local. Artajona ha sabido hacerlo, y ello merece el reconocimiento de todos.

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